El software de pago surgió en los años setenta porque antes se consideraban como un valor agregado propio de los ordenadores. El negocio estaba en el hardware. Los programadores compartían y se ayudaban en su trabajo sobre programas y sistemas operativos.
Desde hace mucho tiempo se auguraba el final de este modelo, pero ante el manejo de inmensas fortunas por licencias parecía igualmente una idea absurda y descabellada. Acostumbrados a pagar por los programas, y a pagar bastante, parece absurdo la idea de un mundo basado en el software gratuito.
Pero el viejo sueño de un mundo sin licencias de software, algo que parecía tan lejano, puede estar más cerca de lo que el usuario corriente imagina.
Las aplicaciones en línea gratuitas nos parecen una herramienta muy útil y accesible para aquéllos que no se pueden permitir la compra de programas comerciales y así no reducir la utilización de éstos a unos pocos privilegiados con los medios necesarios para ello.
Hoy se puede tener en cualquier programa de escritura de textos nos permite escribir un texto, y sin mucha necesidad de añadidos pues al fin y al cabo cuando escribes un texto se trata de eso de escribir ni de dibujar ni de maquetar, porque para eso ya hay programas específicos, así ahora mismo a la gente nos da igual usar un Microsoft Word por el que hay que pagar una suma importante de dinero, que usar un open office programa algo más limitado en cuanto a funciones pero igual de efectivo y con una gran ventaja que es de libre uso y por lo tanto no hay que pagar por la licencia.
En conclusión y como opinión personal me parece que todos tendríamos que utilizar software libre y no pagar la cantidad de dinero que pagamos a una multinacional millonaria por hacer uso de los programas, bien es verdad que existe la piratería para evitar pagar esta cantidad de dinero pero eso es otro tema.
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